Ciclo Justicia y Confinamiento: Matías Movilla

“Después de 43 años ejerciendo como laboralista te das cuenta que el derecho del trabajo es como la materia, no se destruye, sino que se transforma.”

Abogado Laboralista, miembro de xustiza e sociedade, profesor asociado de derecho laboral de la universidad de Vigo y, socio de Vento de Abogados y Asesores.

1.- ¿Cuál ha sido tu trayectoria profesional? 

Cuando me hacen esta pregunta pienso que estoy al final de mi carrera, porque obligatoriamente te hace rememorar un poco lo que ha sido tu vida profesional. Yo soy de la generación 72-77, por lo tanto, preconstitucional. Y, todo lo que estudié en la carrera lo he tenido que reelaborar, posteriormente, a partir de la constitución del 78. 

Constituimos un despacho laboralista en el que inicialmente éramos 3 abogados. Luego nos hicimos más generalistas, incorporando a otros abogados de distintas áreas del derecho hasta que al final nos hemos constituido, este año 2020, como un gran despacho gallego, con la fusión de varios despachos en un proyecto ilusionante dónde nos hemos convertido más en una empresa de servicios jurídicos, con expertos de todo el espectro profesional. 

En mi vida como abogado fueron surgiendo distintas inquietudes, pero la más importante ha sido la de combinar el activismo jurídico (muy propio de los laboralistas, de estar siempre reuniéndose, buscando soluciones, presentando alternativas, etc.) con otro aspecto muy laboralista, también, que es la formación continua.

Esto nos llevó a constituir asociaciones, como Xustiza e Sociedade, hace más de 30 años, en 1986 y posteriormente la Federación de Juristas, formada por asociaciones de juristas progresistas, con otras asociaciones hermanas del estado. Y este movimiento configuró el primer intento serio de modernización de la justicia en España que fueron los tres primeros congresos de Gentes del Derecho, entre 1986 y 1993. De ahí también surge la creación de otro proyecto, en el que participamos desde el inicio como Xustiza e Sociedade, que fue la creación de las Xornadas de Outono, en el año 97 y que van para su XXIV edición. 

En este interín también brota una vocación oculta, que es la de la enseñanza. En cuanto te das cuenta de que disfrutas comunicando los conocimientos jurídicos a las nuevas generaciones, primero en la escuela de práctica jurídica y desde el año 2000, como profesor asociado en la Universidad de Vigo. 

2.- ¿Cuáles son los cambios más sustanciales y que más te han impresionado que has visto en el mundo del derecho laboral desde que empezaste hasta ahora? 

Cuando yo empecé a trabajar, fui a pedirle trabajo al padre del laboralismo gallego, que es Fernando Randulfe. Y siempre recuerdo con él, ahora entre risas, que en aquel momento en el año 77, en que se acababan de legalizar los sindicatos, él me decía: “bueno Matías, olvídate, que esto del derecho laboral ya desaparece con la legalización de los sindicatos”. Y realmente, después de 43 años ejerciendo como laboralista te das cuenta que el derecho del trabajo es como la materia, no se destruye, sino que se transforma. 

Efectivamente ha habido cambios importantes. Voy a dar dos positivos y dos negativos: 

En el haber tenemos la transposición en el año 95 de la directiva de prevención de riesgos laborales. La siniestralidad laboral en España en aquellas épocas era tremenda. Los muertos los contábamos por días. Había muchísimos más muertos que el terrorismo de ETA y que la violencia de género. Pero no estaba valorado en aquel momento, y realmente la prevención de riesgos laborales supuso un antes y un después en la seguridad y salud de los trabajadores. 

La otra cuestión más importante en este aspecto positivo es la contractualización de los derechos fundamentales, a partir de la STC 7/93 que establece por primera vez la garantía de indemnidad. Allí se abre la puerta a la frase que se recoge en una de estas Sentencias que venía a decir que los derechos fundamentales inespecíficos no pueden quedarse a las puertas de las fábricas y tenían que entrar en los centros de trabajo. Empezaron a desarrollarse los derechos a la intimidad, a la igualdad, integridad física, manifestación, libertad de información, etc. Todos estos derechos iban contractualizándose dentro de la estructura del derecho del trabajo que había quedado nada más que estudiando los derechos fundamentales específicos de huelga y negociación colectiva. Y, este ha sido, es y sigue siendo uno de los mayores avances del derecho laboral. 

En el aspecto negativo, lo que más me ha sorprendido son dos temas fundamentales: como consecuencia de la globalización que impone la desregularización y la flexibilizacion de la descentralización productiva, provoca lo que, en palabras de nuestro añorado Manuel Ramón Alarcón, la expulsión del ámbito de protección del derecho del trabajo a miles de trabajadores. Unos en fase de intento, Deliveroo, Glovo y la Uberizacion de la economía, y otra en fase aplicativa apartando del ámbito de protección del derecho del trabajo a los falsos autónomos, a los trade, o precarizado las condiciones de empleo a través de las empresas multiservicio que al mismo tiempo provocaba la expulsión total o parcial de esos trabajadores. 

En segundo lugar, también creo que ha existido un desempoderamiento sindical. La limitación del ejercicio de los derechos sindicales ha ido de la mano del empobrecimiento y de la precarización de las relaciones laborales. Y  creo que este es un tema, que ya se está viendo que tiene que volver a remontar, con la desaparición del convenio de empresa, que tan perjudicial ha sido para la depreciación de las rentas salariales y por tanto se hace necesaria la  restauración del convenio de sector. 

3.- ¿Cuáles crees que son los principales problemas que deberán afrontar los laboralistas en los próximos tiempos?

Entiendo que los retos de los laboralistas son compartidos con el resto de operadores jurídicos. Son los mismos problemas que tiene que abordar el sistema judicial. 

Por un lado, el reto y la necesidad de regular la gobernanza de la justicia, que esto se ha evidenciado como un fracaso que ya existía desde hace bastantes años. Las prórrogas en el CGPJ y la no posibilidad de renovación, el mantenimiento de estas situaciones anómalas, constitucionalmente inasumibles en un estado de derecho. Eso va aparejado con la necesaria modernización de la administración de justicia que  es la única administración que no ha avanzado con los tiempos. Las administraciones locales trabajaban con los expedientes electrónicos, la Seguridad Social está totalmente informatizada y no digamos Hacienda que está totalmente informatizada desde hace muchos años. 

Y, esto se ha puesto de manifiesto en la crisis del COVID – 19, en la que solamente la administración de justicia no ha sido capaz de teletrabajar. Los operadores jurídicos nos hemos reinventado en dos semanas y nos hemos puesto a teletrabajar desde nuestras casas, de manera inmediata. Y la administración de justicia no, a pesar de tener instrumentos electrónicos como lexnet. 

Para que esto suceda tiene que haber una coordinación de todos los sectores que estamos implicados en este servicio público. Yo entiendo que tiene que volver a haber una transversalidad en la búsqueda de efectivas soluciones que siempre han quedado aparcadas para la modernización de la justicia. Y en ese sentido, creo que sería el momento, y además el momento político idóneo, para intentar reeditar con los cambios y necesidades actuales aquellos congresos de gentes del derecho para abordar de una vez por todas esta problemática. 

En el ámbito laboral hay cuestiones necesitadas de cambio tanto en el ámbito sustantivo como el procesal. La precarización laboral necesita que se aborde legislativamente el abuso de la temporalidad tanto por las administraciones públicas como por las empresas privadas. La situación de la temporalidad de las administraciones públicas no tiene nombre, si no abordamos la problemática de los indefinidos no fijos continuaremos incrementando la litigiosidad sin dar una solución definitiva a este gravísimo problema de precariedad laboral. Y como antes apuntaba, el restablecimiento de la primacía del convenio sectorial sobre el de empresa que recompondrá la actividad sindical, creo que son los problemas básicos que hay que afrontar. 

Pero tambien me preocupa mucho en el ámbito procesal dos temas que llevan permanentemente sin regularse. Uno, que es bastante conocido, que son los grupos de empresa. Es imprescindible regular los grupos de empresa porque en estos momentos lo difuminada que está la figura del empresario, entre que realmente no sabes si es la persona que te da de alta en la seguridad social, porque en realidad, pertenece a un conglomerado dónde están introducidos múltiples intereses fuera de la órbita del trabajador, o incluso también de las organizaciones sindicales que pueden defender al trabajador. La regulación de la organización del grupo de empresa es absolutamente fundamental.

Otra cuestión que está generando una gravísima indefensión es el hecho de las excepciones que se oponen de forma oral, por parte de la empresa al trabajador, en el acto de juicio. No solamente las típicas excepciones de prescripción o caducidad, o incluso la de falta de jurisdicción cuando se solicita la regulación laboral, sino las  de falta de litisconsorcio pasivo necesario, de cosa juzgada, de falta de acción, de legitimación pasiva, que es una batería de excepciones que se suelen poner en el acto de la vista que impiden al trabajador o a su defensa el haber preparado prueba para acreditar que estas cuestiones no deban recibir favorable acogida. Sería necesario regular y conducir esta cuestión por una vía rápida como la de la reconvención, que se encuentra regulada en el artículo 85 de la LRJS, que exige su anuncio y cuantificación en el acto de la conciliación previa. Sería necesario que las excepciones se alegaran ya en el acto de conciliación previa. 

No niego la posibilidad de la existencia de una audiencia previa, como se establece en el orden civil, en dónde todas estas cuestiones quedarían totalmente soslayadas, para en todo caso, evitar la indefensión que provoca en la parte demandante, normalmente en los trabajadores, esta batería de excepciones que tenga que contestar la parte social oralmente. 

4.- Cuéntanos un caso que te haya marcado. 

La verdad es que es difícil encontrar un solo caso en más de cuatro décadas que te haya marcado, pero también con esa dualidad que suelo contestar, los hay positivos y negativos. 

Unos fueron vinculados a lo que comentaba antes de la prevención de riesgos. Uno de los casos que más me impactó fue el accidente de un pesquero que se inundó y fallecieron la mayoría de los tripulantes y tan solo hubo algún superviviente. Me impresionó como muchos de los fallecidos se enganchaban con los mosquetones a determinadas boyas para que sus cuerpos fueran rescatados cuando fallecieran debido a la hipotermia, con el objeto de que sus familias, sus viudas y sus hijos pudieran percibir rápidamente las pensiones de viudedad y orfandad y, no tuvieran que esperar lo que en aquellos momentos tardaba, como la declaración del fallecimiento. Lo recuerdo con una cierta frecuencia porque las imágenes de aquel juicio realmente me marcaron. 

Otro asunto impactante fueron los atentados de los grapos a diversos furgones a una empresa de seguridad que incumplía sistemáticamente con las obligaciones de blindaje de los vehículos lo que provocaba que las balas agujereaban aquellos furgones como si fueran mantequilla. No solamente los fallecimientos, sino también las lesiones que por estrés post-traumatico se habían producido como consecuencia de estos atentados que habían comportado unas secuelas de gran invalidez en muchos de los trabajadores afectados

En positivo, recuerdo una gestión que tuvimos en los años 90, que fue poder dirigir a un grupo de 22 abogados representando a más de 300 trabajadores de un grupo de empresas. Utilizamos, imaginativamente, criterios concursales, cuando no existía aún la ley concursal, muchos recogidos de las Sentencias de Fernando Salinas, al frente del juzgado único de ejecuciones de Barcelona para poder llevar a cabo una liquidación de un grupo de empresas de una manera eficaz y rentable para los trabajadores. Conseguimos recuperar más del 80% de las deudas que eran importantes de este gran colectivo de trabajadores. Fue un trabajo largo y provocó muchas reuniones, sobre todo en relación a cómo trabajar en equipo, en grupo y ser capaces de renunciar a los intereses legítimos, pero individuales, de cada uno de los trabajadores para intentar conseguir, como grupo y como colectivo, un resultado mucho más óptimo. Y con ello conseguimos que por fin Vigo disfrutara de un Auditorio que hasta aquel momento carecía. 

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